Para realizar actividades de agricultura es necesario contar con sistemas de riego que faciliten la llegada de agua a los cultivos, logrando así una buena cosecha. Mantener húmedos los suelos es primordial para el crecimiento de los sembradíos pues de manera natural, lo suelos no contienen la cantidad suficiente de líquido y en muchas ocasiones, las lluvias no son oportunas.

Existen diversos tipos de riego, los cuales cuentan con distintas características y ventanas. Los más comunes son:

Aspersión: requiere de la instalación de aspersores a lo largo del terreno los cuales suministran agua a presión por medio de gotas de diferentes tamaños de acuerdo con las necesidades del cultivo. Es el sistema más utilizado ya que tiene una eficiencia del 85% y se puede adaptar a todo tipo de sembradíos.

Microaspersión: es similar a la anterior solo que esta requiere un menor caudal de agua. Suele utilizarse en cultivos hortícolas, viveros e invernaderos. Consume poca agua gracias a una dosificación más precisas con una eficiencia del 90%.

Por goteo: se deja caer una gota sobre los cultivos de manera estratégica mediante tuberías con perforaciones mínimas a baja presión que funcionan de forma constante. Gracias a ello, se mantiene la humedad con un bajo consumo de agua  una eficiencia del 95%.

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